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Tuesday 22 de November de 2005, 10:28:51

Tipo de Entrada: ARTICULO | 4 Comentarios




 Una vez estudiada la previsión del tiempo y  las propuestas pendientes, decidimos marchar hacia el norte, camino del Txindoki. Lo cierto es que nunca he hecho montaña en el País Vasco y me apetece bastante. Llegamos bastante bien, acostumbrados a las machacadas de kilómetros pirenaicas, esto se hace liviano. Comemos bien en Amezketa, que mañana igual hará frío, mientras charlamos de la actividad que nos disponemos a hacer así como de otras futuras. Nos vamos a Larraitz, donde dormimos en el parking.

 Por la mañana, el día está frío, pero saldrá el sol. Nos hacemos los remolones, esperando su calor. El viento comienza a soplar, será molesto allá arriba. Avanzamos por el camino de la normal, hasta alcanzar con la vista la arista. Siguiendo la reseña de Vica y Traba, toca subir por fuerte pendiente. No apetece, seguimos medio dormidos, y en el inicio de la arista hay un montón de cordadas disponiéndose a subir. A pesar de todo, y como la arista no es complicada, avanzan deprisa. Manolito, que se empeña en subir con botas, me cede amablemente el primer largo... Aquí ha estado Mister Proper, y ¡cómo brilla todo con su poder limpiador!... el paso clave está pulidísmo. Intento colocarme un montón de veces. Menos mal que hay chapa, y eso libera la mente. Tiro para arriba. Salgo del diedro y se suaviza el tema. A Manu le cuesta llegar también. Nos saltamos la primera reunión.
 El segundo largo también es para mi. No me cuesta mucho llegar a la reu, eso si, evitando resbalarme en la parte final, unas gradas sencillas pero chorreantes. Estamos en el lado norte de la pared y el sol no llega hasta él. Empiezo a sentir frío, mientras llega Manu y pasa camino del tercer largo. Esta tirada le deja bajo una placa, que con las Bestard K le costará pasar. Mientras, cuando voy a tirar, una de mis botas, ¡qué cabeza!, que había colgado del arnés por costumbre, cae junto a mi. Se ha desenhebrado el cordón. Menos mal que no se ha ido abajo, voy a cogerla y ¡cae la otra! esta vez si, cae unos metros, y para en unas ramas. Le indico a Manu la maniobra y consigo llegar hasta ella. Menos mal, porque pasar un fin de semana con los gatos, no lo veía, no. Frío y con cara de tonto, avanzo hasta Manu. Qué suerte tiene! su reu queda en el lado sur. Avanzo por la placa y gano el filo de la arista. Sencillos pasos me llevan hasta la base de un diedro. No parece difícil, lo dará Manu. Llega hasta él y está totalmente mojado. Duda, piensa si ponerse los gatos, lo mira, lo remira. Por fin se decide. Acera todo lo acerable, no hay duda de que hay que hacerlo... vaya pista de patinaje! Después, otra vez me quedé frío y sin sol, tiro para arriba sin escuchar nada, el viento no me deja. Esos walkies en casa. Consigo el diedro en libre, pero sufriendo y preguntándome cómo iba a pasar Manu por aquí sin agarrarse a todo lo agarrable. Después, una  travesía herbosa y expuesta, nos deja casi al final de las dificultades. Otro pasito en sombra, algo mojado y salimos arriba. Avanzo hasta encontrar un lugar cómodo, monto reunión y de allí ya tiramos sin cuerda. Son pasos fáciles, pero más vale no tropezar. El entorno está precioso. En la cima, a la que me cuesta llegar porque me enmarrono por pendientes herbosas que todavía tienen escarcha a estas horas, charlamos con una pareja, y con dos chicos de Vitoria que han ido detrás de nosotros en la trepada. Lástima de la calima que envuelve el paisaje. ¡Qué verdor!. Contentos, bajamos contando batallitas hasta el coche.
 Cervecita, bocata, y decidimos marchar a Vitoria. Allí están Jose y Eva, nos apetece verlos y los tenemos a tiro de piedra. Llegamos allí, y es imposible marcharse! Casi nos obligan a quedarnos a pasar la noche, y la verdad, cuando te sientes como en casa, disfrutas. Les doy la hebra con mis batallas nepalíes, hablamos de escalada, de sus cosas, de nuestras cosas. Cenamos ricas viandas que Jose prepara y nos dan las tantas charlando. Mañana marcharemos a Aiztondo a escalar con Raúl, que anda por su natal Pamplona. Eva y Jose vendrán, para conocer el lugar. Estos chicos deben ser masocas.
 Allí llegamos, y Raúl nos espera. Mientras charlamos, un coche pasa... risas, yo no me entero de nada, pero son Iran y su Josu, que han huido de Dos Hermanas por el frío. Hace un viento intenso, pero se puede escalar. Allá  vamos, dejamos a Eva y Jose abajo.. ¡Gracias!! que bueno estar con ellos. ¿Nos visitarán algún día para pedricear? Desde luego, volver a Vitoria será un placer.
 Raúl le da al primer largo de una vía que no sabemos cual es, porque no tenemos el croquis, pero por su situación nos suena como V+. El primero es sencillo, se hace rápido. El segundo, me toca a mi, hay que pensarlo más y no voy fino. Me deja en una reunión colgada, ¡qué incomodez tres tíos aquí! Rápidamente, Manu sale, le toca un bonito largo que vuelvo a escalar regular. No se si no es mi día, si me exijo demasiado, si el viento me está secando un poco. El último, para Raúl que no se lo piensa. Tiene los pasos más complicados, aquí la pared se ha puesto tiesa y la salida es con un desplome, al que ataco sin pensar. Sale bien, por fin he escalado algo. ¿Escalar de primero? ¿Escalar de segundo? Cuánto se podría hablar sobre esto. Lo dejamos para un próximo capítulo. Le comento a Raúl que qué ha pensado al ver el desplome... y se parte de risa. ¡Le ha hecho feliz! Bajamos andando, despedimos a Raúl que marcha con la familia y a los donostiarras. Encantado de conocerlos, ya coincidiremos en más saraos. Qué difícil es ya hoy día ir a la montaña sin el madteam! Vamos, como para pasar desapercibido está el tema. Gentes de aquí y de allá, que te dan cobijo, que comparten su sonrisa a pie de pared contigo. Genial.
 Contentos, y con el frescor y el verdor de estas tierras todavía en la retina volvemos a casa con la ilusión intacta y un puñadito más de recuerdos.


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